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Quién soy: dibujante y hacedora de lechos

Actualizado: nov 17

Decidir acerca de qué quería escribir definitivamente ha sido la tarea más difícil de todas. Siendo yo, de naturaleza dispersa y mentalmente desorganizada pues evidentemente aquella premisa ha sido dura, ¿ok? Y debo decir que el aislamiento tiene también su vela en este entierro.


Hace unos pocos días pude terminar una comisión en la que había estado trabajando más de un mes, durante ese mes y medio pude disfrutar de una especie de boom de creatividad, en ese momento sentía que podía con todo, que podía experimentar con lo que quisiera y que como siempre, nadie o algo podía decidir cómo quería pintar y qué debería pintar. Mi espíritu de rebeldía se sentía más afilado que los dientes de un bulldog presumiendo de su mordida. Me sentía realmente empoderada, y aun así, sin tener parte del dinero que retribuiría tanto esfuerzo aquel mes. Además, en aquellos días que hoy me parecen muy lejanos, aún podía disfrutar de mi clase de voleibol los martes y salir a comer los viernes a un restaurante venezolano acá en Hannover, el cual nos emocionaba siempre visitar como recompensa a alguna victoria relacionada con mi seguro médico o algún otro trámite burocrático infinito.


Sin embargo, desde entonces he experimentado todo lo contrario a aquella racha, la inercia ha conquistado mi cuerpo, sigo luchando...e incluso en este mismo momento sigo luchando para que no se apodere de mi mente. La mente siempre será lo último que se pierde, que no se dude de eso. Quizás la corta vida a ese espíritu de artista sea porque aún no me he convertido en artista, y no lo escribo en sentido metafórico, sino que realmente aun no me he inscrito como artista en deutschland. Al parecer es muy complicado. Casi imposible de demostrar que realmente eso eres, o al menos eso dicen las malas lenguas. Entonces, ¿cómo justificaría mi ser creativo?


El caso es que, mi desanimo ha tomado partida y antes de que se salga de control, he decidido hacer una tregua con él. Además, poco tiempo le queda, el lunes empiezo a trabajar arreglando aposentos, emperifollando lechos. No sé si alguna vez han escuchado que existía ese tipo de empleos, pero existen.Y no sé tampoco por qué nunca nadie -ni yo misma- se preguntó quién hace aquella u otra cama en los hospitales. Pues bien, existe alguien que las hace, y ese alguien ahora seré yo. Al principio la idea, no les voy a mentir, no me agradaba demasiado, pero una vez que las facturas del seguro médico empezaron a llegar a mi puerta, aquella coreografía cambiando sabanas por dos horas no parecía tan mala. Y agregaré que la gente que he podido encontrar en aquel departamento dónde te cambian la sangre es muy nett, una de las pocas palabras sencillas que he aprendido en alemán y que significa “simpático".El departamento de diálisis la verdad está muy bien, y los pacientes salen muy contentos y satisfechos y hasta me atrevería a decir que las maquinas de diálisis tienen cierta gracia, un artilugio interesante.


Retomando la idea de las facturas, pues ahora mismo digamos que el negocio de la ilustración, mejor dicho, el de Andreína Vallés Ilustradora va en marcha, y con ello quiero decir que trabajo he tenido y la ilustración hasta ahora es lo único que me ha dado de comer, con decirles que hasta me he comprado un par de botas color hueso, de esas que se llevan ahora en plan Sharon Tate; un accesorio con cualidades un poco extravagantes, pero como hay cierto apremio de convertirme en artista, ¿mejor que me pongas las botas, no?


Volviendo al meollo de mi pequeño negocio personal, en estos días hasta he escrito un guion para un video animado que espero poder compartir en enero. Y sí, van a poder ver muchos dibujos moviéndose de acá para allá. También, he recibido un correo esta semana de una agencia alemana de ilustración que me ha dicho lo siguiente, cito: We are pleased that you have showed us an insight into your beautiful work! We only take in a few new talents each year. At the moment we are looking for a different style for our portfolio” quizás piensen que al leer este correo me he sentido muy decepcionada, y la verdad es que sí, pero solo un poquito, lo juro. En los últimos años, es la tercera vez que aplico a esta agencia. La primeras dos veces nunca me contestaron, y ahora que lo pienso bien, aún en ese entonces no estaba lista. Para nada lista, debo decir. Recibir este correo de la directora, personalizado y valorando lo que ha visto en mi portafolio me ha motivado. Podría ser una conclusión naive de mi parte, pero creo que merece la pena. En un par de meses lo volveré a intentar. Quizás en esta ocasión, mi portafolio sea una versión de “ahora estoy lista”. Espero que en él no solo haya pinturas de máquinas de diálisis, sangre, sabanas y algún que otro retrato de enfermos.


Para no solo darles noticias desafortunadas, les voy a contar que estos últimos meses había estado trabajando en unas camisetas y pues ya estás listas. La he bautizado La Yaya, Échenle un vistazo y si les gusta anímense a comprarse una para navidarks este año:






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